Becoming. Paisajes del devenir
Hay momentos para los que nadie nos prepara. No son crisis ni colapsos. Son algo más silencioso: cuando una manera de ser deja de encajar con quien uno está siendo. Y entonces empieza algo difícil de procesar. No es convertirse en otra persona, es reconfigurarse.
Las pinturas de Jessica Abou Nassar nacen de ese momento.
No ilustran la transformación ni la narran. La hacen visible como lo que es: una estructura interior en proceso. Un sistema que se reconfigura, capa a capa, mientras la vida no se detiene.
Con aerosol sobre tela —una técnica que no admite corrección, que exige decidir en orden y no volver atrás— Jessica construye composiciones de simetría rigurosa, formas orgánicas y gradientes de color que, a primera vista, parecen imágenes de armonía. Y lo son. Pero de una armonía que no es previa a la pintura: que se construye en ella. Cada capa es una decisión tomada con tensión. Algo se cubre para que algo nuevo nazca. Algo desaparece sin desaparecer del todo. Cada curva —suave, precisa, que recuerda al cuerpo y a los organismos de la naturaleza— es el resultado de una búsqueda que no existía antes.
La simetría no funciona aquí como recurso estético. Es una herramienta de regulación. El cerebro humano descansa ante las formas simétricas —las busca en los rostros, en los organismos vivos, en las estructuras naturales— porque en ellas encuentra una promesa de equilibrio. Jessica lo usa con precisión: sus composiciones centradas, con su bilateralidad estricta y sus núcleos luminosos, invitan a adentrarse en esa promesa.
Las formas que articulan esas composiciones se resisten a la identificación. Evocan cuerpos sin serlo literalmente, membranas sin ser células, pasajes con entrada pero sin salida evidente. Entre ellas conviven fuerzas opuestas: hay formas que se expanden y ángulos que tensan, capas finas que sostienen una presión interna que no llega a resolverse. Y es precisamente en esa tensión donde la propuesta de Jessica va más allá de la armonía aparente. Un impulso que conecta con una tradición paralela a la historia oficial del arte: la de los artistas que han intentado dar forma a lo que no puede verse.
Las geometrías luminosas de Agnes Pelton, los diagramas invisibles de Emma Kunz, o el propio Thought Forms —el libro de Annie Besant y Charles Leadbeater de 1905 que intentaba ilustrar la forma que adoptan los pensamientos y las emociones en el espacio— comparten ese impulso. No como metáfora. Como hipótesis.
Jessica conecta con esa línea. Pero donde esas prácticas parten de sistemas elaborados —cosmologías, geometrías sagradas, investigaciones energéticas codificadas—, su trabajo surge de algo más inmediato: cómo dar forma a los estados para los que no se encuentran palabras, para entenderlos y asimilarlos. Cómo hacer que lo que no puede decirse pueda, por lo menos, tener forma.
BECOMING nos habla de cómo adaptarnos a los cambios y encontrar la armonía en ellos. Del momento donde la tensión se convierte en forma. Y la forma, en belleza.
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